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UN RELATO DE BARTOLOMÉ DE LAS CASAS:
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“...Un relato de Las Casas, que no figura
en la Relación, sino en su Historia de las Indias, y que refiere
un hecho del que no sólo fue testigo, sino participante: la
matanza de Caonao, en Cuba, perpetrada por la tropa de Narváez,
a la que está adscrito en calidad de capellán. El episodio
empieza con una circunstancia fortuita: “El día
que los españoles llegaron al pueblo, en la mañana parándose
a almorzar en un arroyo seco, aunque algunos charquillos tenía
de agua, el cual estaba lleno de piedras amoladeras, y antójaseles
a todos de afilar en ellas sus espadas”. Al llegar
a la aldea después de ese almuerzo campestre, a los españoles
se les ocurre una nueva idea: comprobar si las espadas están
tan afiladas como parece. “Súbitamente sacó
un español su espada, en quien se creyó que se le revistió
el diablo, y luego todos ciento sus espadas, y comienzan a desbarrigar
y acuchillar y matar de aquellas ovejas y corderos, hombres y mujeres,
niños y viejos, que estaban sentados, descuidados, mirando
las yeguas y los españoles, pasmados, y dentro de dos credos
no queda hombre vivo de todos cuantos allí estaban. Entran
en la gran casa, que junto estaba, por que a la puerta de ella esto
pasaba, y comienzan lo mismo a matar a cuchilladas y estocadas cuantos
allí hallaron, que iba el arroyo de la sangre como si hubieran
muerto muchas vacas”. Las Casas no encuentra ninguna
explicación para estos hechos, a no ser el deseo de comprobar
que las espadas estaban bien afiladas. “Ver las heridas
que muchos tenían de los muertos, y otros que aún no
habían expirado, fue una cosa de grima y espanto, que como
el diablo, que los guiaba, les deparó aquellas piedras de amolar,
en que afilaron las espadas aquel día de mañana en el
arroyo donde almorzaron, dondequiera que daban el golpe, en aquellos
cuerpos desnudos, en cueros y delicados, abrían por medio todo
el hombre de una cuchillada”.
El tiempo pasa, pero las costumbres
permanecen: es lo que se desprende de la carta que
le escribe Fray Jerónimo de San Miguel al rey, el 20 de agosto
de 1550: “A unos [indios] los han quemado vivos, a
otros los han con muy grande crueldad cortado manos, narices, lenguas
y otros miembros, aperreado indios y destetado mujeres...”.
Todorov, Tzvetan“La Conquista de América. La Cuestión
del Otro”. Editorial Siglo XXI, Bogotá. 1987
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